Miércoles 26 de febrero

Háblense unos a otros con salmos, himnos y cantos espirituales, y canten y alaben de todo corazón al Señor. Den siempre gracias a Dios el Padre por todas las cosas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Efesios 5,19-20

 

El texto del apóstol Pablo que acaba de leer viene después de una serie de recomendaciones que él le da a la comunidad de Éfeso. Recomendaciones que giran en torno a llevar una vida recta delante del Señor y en convivencia con el prójimo. El relacionarnos amable y solidariamente con las personas que tenemos a nuestro lado, en la comunidad, en el trabajo, nos trae bendiciones a todos. ¿Por qué? Porque una palabra amable a alguien que tiene un serio problema seguramente no le cambia la vida, pero le da otra perspectiva para encarar ese día. Le estamos llevando la bendición de Dios y damos testimonio de él.

Sin ser románticos y místicos, las palabras de aliento y esperanza que salen de la boca de un cristiano en un momento de necesidad serán como una pelota que gira y se agranda con lo que encuentra en su camino, contagiando de buenas ondas a uno y a otra hasta no terminar nunca. Si muchos acostumbran a hacerlo con las cosas malas, por qué no intentar con lo bueno, y aquello que produce alabanza a nuestro Señor. Quizás, para comenzar, deberíamos empezar por reconocer los regalos que Dios nos da diariamente. Al ver la vida, el amor de la familia, la contención que nos brindan hermanos y hermanas, comprenderemos que ese Dios de amor nos lo ha dado todo en la vida. Y todo lo que tenemos y somos se lo debemos a él.

¿Está dispuesto a compartir una  palabra de esperanza y una sonrisa con alguien hoy? Hágalo, para gloria de Dios. Amén.

 

Rubén Darío Dorsch

 

Efesios 5,15-20