Miércoles 19 de marzo

… y se puso a lavarles los pies a sus discípulos.

 

Juan 13,5

 

El momento es dramático. Se acerca la traición y horas muy amargas. Pero no hay excusa. Había amado a los suyos que estaban en el mundo, y así los amó hasta el fin (Juan 13,1).

Ante la sorpresa de sus discípulos, en plena cena, se levanta, se inclina casi hasta el piso. Se pone a lavar los pies de los “suyos”.

Pablo dirá que tomó forma de siervo y bajando a nuestra altura se hizo uno de nosotros (Filipenses 2). Es el extremo, la locura de la encarnación.

El amor no respeta el absurdo. Lo atraviesa y lo aniquila. Está más allá de la mediocridad del sentido común, que llama exagerado al amor, porque no lo entiende.

Pedro todavía no llegó hasta el final de la lección del amor. Aún lo ata el sentido común.

En general desconfiamos de las palabras cuando van solas. Son los hechos, ciertamente, los que nos impactan y humanizan.

El Verbo se hizo más que palabras. Se volvió gesto. Porque el amor, más que decirse, se ve en los ojos, las manos, el cuerpo. Y es entrega.

Jesús, coherente hasta lo último, no se guarda nada para sí. Que su testimonio, entonces, nos inspire y fortalezca para vivir a su manera.

Déjate quemar si quieres alumbrar. (Canto y Fe Nº 275)

 

Juan Damián

 

Juan 13,1-11