Martes 18 de marzo

Yo, la luz, he venido al mundo para todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas.

 

Juan 12,46

 

¡Qué hermosas las palabras de este evangelio! En ellas nuestro Señor Jesús nos invita tan sólo a creer en él para alcanzar y disfrutar de las bondades de su luz.

Muchas veces me pierdo, sin darme cuenta, en los laberintos de mi mente; en el ir y venir de mi vida. Me quedo atrapada allí procurando solucionar con mis propias fuerzas distintos problemas. Por la gracia de su amor siempre pude regresar hacia su luz y bajo su amparo he podido encontrarme con la misericordia, el brillo y la claridad que tiene su presencia; esa que lo llena todo, que lo calma y soluciona todo, la que siempre me ayuda. Llega como un remedio, a sanar y resolver los conflictos que me tenían atrapada en las tinieblas, en lo material, en lo terrenal, lejos del mundo espiritual, distante del poder de la fe.

Jesús me dio la salvación. Su amor, su luz, están ahí permanentemente para mí y también para todos los que puedan creer en él y puedan poner en práctica un poquito de fe.

Señor Jesús, agradezco tu infinito amor por mi vida que contiene sus grises y claros, por tu diaria protección para mi familia y también hacia mí.

Te pido que me brindes siempre el calor y el resplandor de tu luz. Que pueda por medio de ella llegar con tu palabra a quienes todavía no la han recibido. Que pueda encontrar dentro de mí, en las diferentes situaciones de la vida, la fe que me ilumine y me guíe por el camino en el que me cubra con tu abrigo, tu presencia y tu maravillosa luz.

 

Griselda Beatriz Mihura

 

Juan 12,44-50