Lunes 28 de febrero

Ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien críenlos con disciplina, e instrúyanlos en el amor al Señor.

 

Efesios 6,4

 

El primer mandamiento que ordena nuestra relación con los demás nos insta a honrar a nuestro padre y nuestra madre. Este orden muestra la importancia fundamental del vínculo padres-hijos. Es importante aclarar que padre y madre son roles que no siempre son desempeñados por los progenitores.

En este texto de Efesios, Pablo le añade al cuarto mandamiento su contrapartida necesaria, es decir, los deberes que quienes desempeñan el rol de padres tienen para con sus hijos.

Nos llama la atención la mención del enojo de los hijos, y creemos que apunta a la conflictividad existente en esta relación.

El texto nos llama a no hacer hincapié en los conflictos, que sin duda siempre están presentes, y nos muestra qué es lo fundamental de la función paterna y materna.

Criar con disciplina e instruir en el amor al Señor… Es decir, como padres y madres es nuestro deber esencial mostrar al niño o al adolescente la incondicionalidad del amor de Dios por medio de nuestro amor incondicional, al aceptarlos como son, al no juzgarlos, al acompañarlos en su desarrollo, sosteniéndolos, pero respetando su libertad, reconociendo que son seres independientes de nosotros, que no nos pertenecen, tienen su propio camino y sus propias inquietudes…

Todo esto sin perder de vista la disciplina y estabilidad que los niños necesitan. Todo un desafío, ¿no?

Señor, acompáñanos en la tarea maravillosa de ser padres y / o educadores, danos sabiduría y seguridad, capacidad para discernir y, sobre todo, mucho amor para dar. Amén.

 

Deborah Verónica Cirigliano Heffel

 

Efesios 6,1-4