Lunes 17 de marzo

Muchos de los judíos creyeron en Jesús, incluso algunos de los más importantes. Pero no lo decían en público por miedo a los fariseos, para que no los expulsaran de las sinagogas.  Preferían la gloria que dan los hombres a la gloria que da Dios.

 

Juan 12,42–43

 

Sin hacer un gran esfuerzo, me remonto a tantas situaciones cotidianas… en las que lo que uno siente o lo que uno piensa, es tan sólo algo muy, muy propio, muy de cada uno. Y claro está, imposible de compartir.

¿Cuántas son las veces, en un día, que callo para no sentirme excluida?

Yo, individuo, que siento  tantas cosas, que callo para ser aceptada, que escondo hasta mis creencias más profundas. Para ser simplemente uno más, una más en un millón, olvidando lo más importante… yo soy todo lo que siento, que soy como nadie y que soy diferente…

Ese grupo del que formamos parte, resquebraja nuestra esencia y hasta nuestros deseos más profundos. Ese grupo en el que siempre debemos ocultar la imagen y la percepción de nuestro Señor Jesús.

Ese Jesús que cree en nosotros, como tantos judíos creyeron en él. Ese Jesús al que a veces ocultamos para no ser menos ante los hombres, porque creemos en nuestra insignificancia en sus manos.

Ese es Jesús, el que sentimos y que nos acepta.

Vayamos pues, sabiendo que somos eso… nada más que lo que sentimos.

 

Claudia Wölfle

 

Juan 12,37-43