Jueves 20 de marzo

También ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado ejemplo para que hagan lo mismo.

 

Juan 13,14–15

 

A medida que vamos leyendo más y más el Evangelio, cobran admiración las actitudes y la vida de Jesús.

Nos sigue sorprendiendo la transparencia de sus gestos y la originalidad de su estilo.

“Nos queda grande” decimos. Corremos el riesgo de ponerlo lejos de nuestras mezquindades, pequeñeces y miserias. Se queda ahí en el altar de los héroes, como un objeto a contemplar.

No se trata de ser “hincha”, “fan” o “adicto” a Jesús. No podemos quedarnos en la poltrona cómoda de espectadores y conformarnos con ser “público”.

Importa que el Evangelio nos queme por dentro y nos despierte a caminar y jugarnos en la cancha y en el escenario de la vida.

Que el entusiasmo de su persona, que “siempre se pasa”, nos absorba y nos dinamice, más que a aplaudir, a seguirle.

Se trata de imitarlo. Él es el modelo (ejemplo) para nuestros criterios, opciones y conducta. “Hagan lo mismo que yo” parece ser su convite.

Él nos invita a compartir la aventura del Reino de Dios, que hace nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21,5).

Después de “tomarle el gusto” no lo abandonaremos más.

“Que su gracia nos atraiga a seguirle”.

 

Juan Damián

 

Juan 13,12-20